Yo me pregunto...

Hay una chica de La Paloma que es por lejos, la mejor bodyboarder que hay.

La he visto personalmente correr el tubo más largo, y he escuchado historias sobre sus viajes, a Chile y Hawaii entre otros destinos. Donde se remarca el nivel y "huevos" (para ser claros) en las olas que corrió.
Yo me pregunto por que no es pro. Por que no tiene un sponsor internacional, y compite en el circuito femenino de bodyboard.
No me caben dudas de que podría ganarle a más de una y tarde o temprano llegar a ser campeona mundial. Quizás no esté en sus metas. O quizás no lo haya intentado. Es una duda que siempre voy a tener.

Y si alguna vez la ven en alguna playa de la Paloma en un día bueno, van a ver a que me refiero. Esta chica la mata.

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Extremos"

Bueno, nuevamente el Sr.PanchoCubría escribe en el nro. 103 de la SurferRule una lineas que quiero compartir, cito:


"A veces los extremos se tocan. Dìas de claroscuro, como uno reciente, en el que coincidí en un spot bastante desconocido con uno de los surfistas más conocidos, Jesús Fiochi. En estos días de superpoblación veraniega, ni a mí ni a él ni a algún otro perro viejo se nos caen los anillos por hacer esos kmts de más que te pueden dar un bañito a solas o con poca y selecta compañia.

El mano a mano en la mañana glassy fue tan satisfactorio como prometia y la charla entre series, como suele ser con Jesús, muy agradable. Y sobre todo, alerta: es un arte charlar y que no se escape ni una ola.

Como no podìa ser menos, se llegó al tema de las tablas y motivo habìa aunque sólo éramos dos. De nuevo los extremos: Jesús llevaba la creme de la creme un nueve piés de alta tecnología, de fibra de carbono hasta los timones, bellísimo. Por mi parte, me encontraba en el agua con un Bic 7'4, de esos de plástico que se compran en cualquier supermercado. Lo más alto y lo más bajo de la gama. Me ofreció probar su bellezón un par de olas y la verdad, me impresionó la suavidad del takeoff y las líneas, la equilibrada ligereza y la sesibilidad es esos nueve piés, tan maniobrable o más que mi 7'4 de autoescuela.

Y sin embargo, la diferencia está en el detalle, pero no en la esencia. Cada ola, con esa tabla o cualquier otra, es una fuente de energía y felicidad. Yo sé que a Jesús, que tiene un barco precioso, adora la pesca y seguramente ha tenido en esta vida la oportunidad de hacer muchas cosas, lo que más le sigue motivando cada día es esa ola, mayor o menor, buena, mala o regular. Es uno de los ejemplos de quiene hemos aprendido que algo tan sencillo, tan tonto, tan fácil, tan banal y tan puro como coger una ola, nos da felicidad en grandes dosis: "No pude dejar de pensar que aquel hombre sentìa el placer más supremo al ser llevado por el mar de manera tan veloz y suave", dejó escrito el Capitán James Cookcuando describir el surfing con los ojos de un occidental por primera vez. Experimentar este compendio de primarias sensaciones y transformarlas en felicidad es un don que muchos agradecemos con cada ola. Pero no para todos es así, o no para todos es suficiente. esta tabla tan inusual que llevo es una herencia, perteneció a alguien , un surfer cercano y muy apreciado, para quien los placeres del mar no bastaron, o quizá fueron ahogados en otras marejadas de negatividad, de modo que decidió quitarse la vida. Los extremos se tocan. Guardo su tabla y de vez en cuando la llevo al agua hago lo que con más certeza me hace sentir que fácil es que la vida merezca la pena: salir la pico y esperar que llegue ese próximo pulso, esa próxima ola que se encrespa y rompe en el preciso lugar donde el extremo del mar toca el extremo de la tierra."

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Uno bueno...

Quiero compartir un artículo que salió en el nro. 97 de la Surfer Rule del '05. Lo escribió Pancho Cubría y dice así:


"Todos hemos tenido una de esas crisis en las que divides el nro. de kmts. de coche entre las olas de una sesión, le restas las horas gastadas, multiplicas el saldo negativo por las cosas que has dejado de hacer y te preguntas que sentido tiene, si merece la pena. Para compensar, de vez en cuando llega uno de esos días que te sirven para recordarlos mucho tiempo y decir, pensar, sentir: joder, vaya si merece la pena. Las dudas se disipan, y sientes que vuelves a nacer.

Era la mañana gris de un día de la última semana santa. Me desperté tarde para notar los 1eros efectos de una gripe inminente, cabeza embotada, oídos zumbantes, articulaciones doloridas. LLovía, se había metido viento de la mar y la pleamar ya había pasado. Como puede suponerse, hice lo que se suele hacer en estos casos, es decir, comerme un plátano, tomarme una aspirina y arrastrarme hasta la furgoneta con la intensión de poder surfar un poco antes de caer realmente enfermo.

Las curvas de la carretera de Liencres me daban bandazos dentro de los ojos y el limpiaparabrisas me sorprendía cada vez. Es una mierda la gripe.

Desde el aparcamiento, el panorama estaba compuesto de una mar de fondo bastante mezclada de algo más de un metro, viento onshore moderado y la marea un poco demasiado baja. En la arena animosos turistas aprovechaban el mal tiempo reinante..

Asi que que hice lo que se supone que hace uno en estos casos, o sea, enfundarme el 4/3, los escarpines, dar parafina a la tabla y tirar para el agua con los ojos fijos en las olas, que es la única manera de enterarse si por un casual se hace el milagro y rompe una ola decente que le aporte al baño un poco de esperanza.

En vez de eso, lo que ví fue una cabeza. Alguien flotaba allá afuera , en medio de una corriente de esas del Cantábrico cuando la marea baja. Alguien había querido celebrar la semana santa dándose un baño y se hallaba sumido en un calvario.

Junto a las rocas ví a un chico que se quitaba la ropa a toda velocidad, con el gesto crispado y la mirada fij en el mar. Algo hizo clic y los síntomas de la gripe desaparecieron, qué bendición la adrenalina. Aquella cabecita lejana no tenía ni tabla ni corcho, ni le quedaban fuerzas para dar una sola brazada: joder, se le estaba llevando la corriente, se le estaban acabando las pilas y no había nadie más en el horizonte.

Le hice una señal al chaval de los calzoncillos para que se estuviese quietecito en tierra firme y me tiré al agua remando con todas mis fuerzas. El deshielo se hacía notar a cada cuchara en toda la cabeza, pero mi única preocupación era llegar, llegar antes de que aquella persona se diera por vencida, cosa que me parecía cada vez más probable, a juzgar por su penoso chapotear, apenas suficiente para mantenerse a flote. Y para colmo venía una serie.

Desde una distancia suficiente para distinguir su gesto pude ver cómo le caían encima varias olas seguidas: era una chica, llevaba un neopreno y además de agotada estaba acojonada. El mar parece mucho más grande cuando estás desamparado, y los minutos más largos. Yo sentía que se palpaba la muerte, seguramente ella también, pero milagrosamente consiguió salir a flote después de cada espuma, y yo llegar a tiempo para agarrarla justo en el momento que una nueva ola descargaba sin piedad todo su peso.

Se portó muy bien, me hizo caso en todo. No se puso histérica, y sacó fuerzas de la flaqueza para colaborar. Dejó que la agarrase sin agarrarme; hasta para dejarse salvar hay que tener templanza. La subí sobre mi tabla y me coloqué detrás de ella. Gracias a las generosas hechuras de mi Wayne Lynch no me costó demasiado remar hasta apartarme de la corriente y llegar donde las olas nos ayudasen a salir.

Media docena de barridas después la dejé en la orilla. Posiblemente lloraba, pero con tanta agua alrededor ni se notaba. Le pregunté si estaba bien y asintió. El chico de los calzoncillos ya vestido la esperaba en la arena.

En mis ventimuchos años de surfing, como casi todo el mundo, he realizado algunos salvamentos, a solas o acompañado, pero nunca lo tuve tan claro como en esta ocación: se hubieran ahogado los dos. El agua estaba demasiado fría, la corriente demasiado fuerte, y el lugar, a pesar del numeroso público, completamente solitario en lo que a ayuda se refiere. A él sin traje la hipotermia no le hubiera dejado llegar ni a despedirse. A ella le quedaba poco cuando yo la alcancé. No le pregunté su nombre, pero me hubiera gustado saber cómo se llamaba aquella chica que esa mañana volvió a nacer.

Creo que regresé al pico y quizá cogí alguna ola. Un baño para recordarlo mucho tiempo y decir, pensar, sentir: joder, merece la pena ser un puto surfer chiflado. Vaya que sí."Valoración:   Votos: 2  



Todo servido en la boca

Hace no mucho leí en un sitio dedicado al surf, una serie de consejos, puntos de vista y/o recomendaciones sobre usos y costumbres relacionados al deporte.
El que más me llamó la atención fue uno que postulaba algo así como: "Sé un poco egoísta, sí conocés de alguna playa en la que el banco se haya puesto bueno, guardatelo para tí mismo, que sea tu pequeño secreto."

Me pareció un punto de vista interesante, para un lugar no tan extenso, y no tan constante como el de Uruguay. "Guardate tus pequeños secretos".

Ahora bien, hay gente que no puede o no gusta de surfar sola, es así que, sumar un par de amigos a tu pequeño descubrimiento queda en vos, si es que no disfrutas del surf solitario. Y recordá si realmente confías en esas personas, ya que nunca desestimes el poder del boca en boca, y la debilidad que sienten algunos por el chusmerío (lástimosamente mucho más fuerte que la de surfear en tranquilidad).

Me pareció un punto de vista interesante, para un lugar no tan extenso, y no tan constante como es el de nuestras costas. "Guardate tus pequeños secretos".

O no te incomoda cuando Santa, Punta del Este, La Paloma, o cualquier otro lugar, están pasados de Crowd??? Y el clima se pone pasadito entre la gente que es y no de ahí?

No quemar los picos que sabés que se surfan con poca gente es un principio, y si sabés de alguno que esté quebrando buenazo guardate el chisme, es una forma de preservar y evitar el crowd.

Dentro de las cosas buenas que tiene el surfing está en la gratificación del descubrir o coronar cuándo pegaste un día buenazo. Y en general eso pasa cuando llegas a un lugar dónde hay poco o nadie en la vuelta, y te sentís bien por haberte movido, por haber pegado con ese instinto.

Sino me entendés bueno qué se le va a hacer, es mi opinión, un saludo y buenas olas,

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